ITV: qué revisan exactamente (y por qué el mantenimiento al día reduce el riesgo de suspenso)
Para la mayoría de conductores, la ITV es una de esas citas que se acercan con algo de tensión. En cuanto a documentación, el trámite es sencillo: el único documento que hay que presentar físicamente de forma obligatoria es la tarjeta de inspección técnica del vehículo. El permiso de circulación y el recibo del seguro en vigor también son necesarios, pero la estación puede verificarlos directamente de forma telemática con la DGT —aunque llevarlos por si acaso siempre agiliza el trámite. Y el DNI, claro. La tensión, por tanto, no viene del papeleo. Viene de que el resultado depende del estado real del coche. Y si algo no está bien, el suspenso llega sin avisar.
La buena noticia es que los motivos de suspenso más habituales no son sorpresas. Son cosas que el mantenimiento preventivo habría detectado antes.
Qué revisan en la ITV
La inspección técnica evalúa el vehículo en varias áreas. No es un taller: los técnicos no van a decirte qué tienes que arreglar ni cómo, sino que verifican que el coche cumple los requisitos mínimos de seguridad y medioambiente en ese momento.
Estos son los puntos principales que se comprueban:
Frenos. Se mide la eficacia de frenada en cada eje y la diferencia entre ruedas del mismo eje. Los frenos desgastados, los discos en mal estado o el líquido de frenos degradado pueden dar lugar a defectos que impidan pasar la inspección.
Alumbrado y señalización. Todos los faros, pilotos y retrovisores se comprueban en funcionamiento y orientación. Una bombilla fundida o unos faros mal regulados son motivo de defecto leve, pero varios defectos leves acumulados pueden complicar la cosa.
Neumáticos y dirección. Se revisa el estado del dibujo, la presión y que no haya daños visibles en los flancos. También la alineación y el estado general de la dirección. Unos neumáticos con el dibujo al límite o a presión incorrecta son defecto directo.
Emisiones. El nivel de emisiones del motor se mide en función del tipo de combustible. Un motor mal ajustado, con el filtro de aire sucio o con problemas de combustión puede superar los límites permitidos.
Suspensión y bajos. Se revisa el estado de los amortiguadores, rótulas, silent-blocks y elementos estructurales visibles. El desgaste excesivo de cualquiera de estos componentes puede generar defectos.
Carrocería e identificación. Se comprueba que el número de bastidor es legible y coincide con la documentación, y que no hay elementos de la carrocería en mal estado que supongan un riesgo para otros usuarios de la vía.
El suspenso casi siempre se veía venir
Lo que tienen en común la mayoría de los defectos que provocan suspenso es que no aparecen de golpe. Los frenos se desgastan de forma progresiva. Los neumáticos pierden profundidad de dibujo con el uso. El líquido de frenos se degrada con el tiempo aunque no se toque. Los amortiguadores van perdiendo eficacia con los kilómetros.
Si llevas un seguimiento del mantenimiento del coche —sabes cuándo se cambiaron los frenos, cuándo se revisaron los neumáticos, cuándo toca cambiar el líquido de frenos— es muy poco probable que llegues a la ITV con alguno de esos puntos en situación crítica. No porque hayas preparado el coche para la inspección, sino porque ya estaba al día.
La ITV no suspende coches bien mantenidos. Suspende coches a los que no se les ha prestado atención.
Lo que conviene comprobar antes de ir
Sin necesidad de llevar el coche al taller antes de cada ITV, hay cosas que puedes revisar tú mismo en diez minutos: que todas las luces funcionan (faros, pilotos traseros, intermitentes, luz de marcha atrás), que los neumáticos tienen dibujo suficiente y están a la presión correcta, que los limpiaparabrisas limpian bien, y que no hay ninguna luz de avería encendida en el cuadro.
Si llevas el mantenimiento al día, esas comprobaciones son casi un trámite. Si no, pueden dar alguna sorpresa.
Cuándo toca la ITV
Los plazos dependen de la antigüedad del vehículo. Los coches nuevos tienen un período inicial de cuatro años antes de la primera inspección, luego cada dos años hasta los diez años de antigüedad, y anualmente a partir de ahí. Superar la fecha sin haberla pasado implica multa, así que vale la pena tenerla controlada.
OwnAutoCare permite anotar la fecha de la próxima ITV junto al resto del historial del vehículo, de forma que recibes un aviso antes de que se acerque el límite. La misma app donde tienes el historial de revisiones, las facturas del taller y los recordatorios de mantenimiento.
Llegar a la ITV con el coche al día no elimina del todo la incertidumbre —siempre puede aparecer algo inesperado— pero reduce mucho las probabilidades de salir con un suspenso debajo del brazo. Y eso, al final, es de lo que trata el mantenimiento preventivo.